REE 20(3) Riobamba sep. - dic. 2026
cc
BY NC ND
90
ISSN-impreso 1390-7581
ISSN-digital 2661-6742
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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2020.1715986.
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
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es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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2020.1715986.
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
REE 20(3) Riobamba sep. - dic. 2026
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se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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2020.1715986.
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
REE 20(3) Riobamba sep. - dic. 2026
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programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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2020.1715986.
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
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validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
REE 20(3) Riobamba sep. - dic. 2026
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95
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ISSN-digital 2661-6742
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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2020.1715986.
Variable
Teórico
Empírico
Media DE
Mínimo
Máximo
Mínimo
Máximo
Calidad de la
dieta 15 73 30 62 43,69 6,37
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
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avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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2020.1715986.
Alimentos
Tipo de hábito
alimentario
Consumo
recomendado
n (%)
Consumo
ocasional/regular
n (%)
Consumo no
recomendado
n (%)
Saludable
88 (47,3)
88 (47,3)
10 (5,4)
Saludable
29 (15,6)
93 (50,0)
64 (34,4)
descremados
Saludable
6 (3,2)
135 (72,6)
45 (24,2)
Saludable
24 (12,9)
150 (80,6)
12 (6,5)
Saludable
24 (12,9)
117 (62,9)
45 (24,2)
Saludable
79 (42,5)
100 (53,8)
7 (3,8)
Saludable
52 (28,0)
124 (66,7)
10 (5,4)
Saludable
27 (14,5)
118 (63,4)
41 (22,0)
Saludable
87 (46,8)
94 (50,5)
5 (2,7)
No saludable
10 (5,4)
54 (29,0)
122 (65,6)
alcohólicas
No saludable
118 (63,4)
59 (31,7)
9 (4,8)
No saludable
6 (3,2)
105 (56,5)
75 (40,3)
No saludable
11 (5,9)
59 (31,7)
116 (62,4)
No saludable
15 (8,1)
131 (70,4)
40 (21,5)
No saludable
75 (40,3)
61 (32,8)
50 (26,9)
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
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En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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2020.1715986.
Escala de valoración
n
%
IC (95%)
Excelente
0
0,00
0,00-0,00
Muy bueno
120
64,52
57,64-71,39
Bueno
66
35,48
28,61-42,36
Regular
0
0,00
0,00-0,00
Deficiente
0
0,00
0,00-0,00
Total
186
100,0
100,00
Variable
Coeficiente de correlación de Pearson
(r)
Valor p
Calidad de la alimentación y
rendimiento académico 0,193 0,008
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
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dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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2020.1715986.
Variable
B
EE
β
t
p
Constante
15,071
0,523
-
28,823
<0,001
Calidad de la alimentación
0,032
0,012
0,193
2,671
0,008
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
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99
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Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).
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El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
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Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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2020.1715986.
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
REE 20(3) Riobamba sep. - dic. 2026
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ISSN-digital 2661-6742
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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2020.1715986.
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
REE 20(3) Riobamba sep. - dic. 2026
cc
BY NC ND
102
ISSN-impreso 1390-7581
ISSN-digital 2661-6742
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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2020.1715986.
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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2020.1715986.
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
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Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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2020.1715986.
Estudio analítico sobre calidad de la dieta y rendimiento académico en estudiantes ecuatorianos
An Analytical Study on Dietary Quality and Academic Performance Among Ecuadorian
https://doi.org/10.37135/ee.04.27.06
Autores:
Martha Aida Parra-Aguirre - https://orcid.org/0000-0002-9687-9755
Luz Solange Ushiña Alvaro - https://orcid.org/0009-0002-2802-5018
Kerlin Mishell Peñafiel Ramos - https://orcid.org/0009-0001-8611-4468
Afiliación:
Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Médicas/ Carrera de Enfermería, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública del Ecuador, Zonal 9-Salud, Centro de Salud Tanda, Quito, Ecuador.
Ministerio de Salud Pública, Zonal 5-Salud, Centro de Salud La Vitalia, Babahoyo, Ecuador
Autor de correspondencia: Martha Aida Parra-Aguirre. Universidad Central del Ecuador. Dirección postal:
calle Luis Sodiro e Iquique, sector El Dorado, código postal: 170136, Quito, Ecuador. Email: maparraa@uce.edu.ec.
Teléfono: 0996039270.
Recibido: 5 de marzo de 2026 Aceptado: 3 de julio de 2026
RESUMEN
Una alimentación adecuada es un pilar fundamental para la promoción del bienestar físico y mental de los
estudiantes de enfermería, especialmente debido a las exigencias académicas y prácticas clínicas inherentes
a su formación profesional. Una alimentación equilibrada potencia la capacidad cognitiva mientras que las
deficiencias nutricionales pueden generar fatiga y afectar el rendimiento académico. El objetivo del estudio
fue determinar la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes de
enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período académico 2024-2025. Se realizó un estudio
observacional, analítico de corte transversal en 186 estudiantes seleccionados mediante muestreo probabilístico
estratificado. La calidad de la dieta se evaluó mediante una encuesta valida y el rendimiento académico a
través del promedio general de calificaciones. Los resultados evidenciaron una calidad de la dieta clasificada
como necesita mejorar, mientras que el rendimiento académico se ubicó predominantemente en la categoría
muy bueno. Se encontró una correlación positiva entre ambas variables (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de
regresión mostró que la calidad de la dieta predice significativamente el rendimiento académico, aunque la
magnitud del efecto fue leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008), lo cual evidencia que el rendimiento académico
es un fenómeno multifactorial que debe ser analizado de forma integral considerando otros aspectos, como
condiciones demográficas, socioeconómicas y académicas. Los hallazgos resaltaron la importancia de que
las universidades promuevan entornos saludables que favorezcan hábitos alimentarios adecuados y contribuyan
al bienestar y desempeño académico de los estudiantes.
Palabras clave: conducta alimentaria, rendimiento académico, estudiantes del área de la salud.
ABSTRACT
Proper nutrition is a fundamental pillar for promoting the physical and mental well-being of nursing students,
especially given the academic and clinical demands inherent in their professional training. A balanced diet
enhances cognitive function, while nutritional deficiencies can lead to fatigue and affect academic
performance. This study aimed to determine the correlation between diet quality and academic performance
among nursing students in their second through seventh semesters during the 2024–2025 academic year. A
cross-sectional, observational, and analytical study was conducted on 186 students selected through
stratified probability sampling. Dietary quality was assessed using a validated questionnaire, and academic
performance was measured by the overall grade point average. The results showed that dietary quality was
classified as “needs improvement,” while academic performance was predominantly in the “very good”
category. A positive correlation was found between the two variables (r = 0.193; p = 0.008). Regression
analysis showed that dietary quality significantly predicts academic performance, although the effect size
was small (R² = 0.037; F = 7.13; p = 0.008), suggesting that academic performance is a multifactorial
phenomenon that should be analyzed comprehensively, accounting for other factors.
Keywords: Eating Behavior, Academic Performance, Health Field Students.
INTRODUCCIÓN
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la buena salud y el bienestar. Se
conoce que los hábitos de vida y de consumo alimentario se desarrollan desde la infancia y comienzan durante
la adolescencia y la juventud.
(1)
A medida que los adultos jóvenes adquieren mayor independencia, se enfrentan
a múltiples desafíos relacionados con la elección de alimentos saludables. En este contexto, la alimentación de
los jóvenes particularmente de los estudiantes universitarios constituye un aspecto relevante de investigación,
ya que la vida universitaria representa un período crítico para la adopción y consolidación de hábitos
saludables.
(2)
Actualmente, Ecuador atraviesa una transición epidemiológica caracterizada por el predominio de enfermedades
crónicas no transmisibles, asociadas a una elevada prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, fenómeno
que afecta no solo a los adultos sino también a adolescentes y niños. El estado nutricional de los ecuatorianos
se ve afectado por el sobrepeso y la obesidad, así, aproximadamente 64,68 % de los adultos jóvenes
(19-59 años) presentan malnutrición en exceso, con mayor prevalencia en mujeres (67,4 %) que en
hombres (59,7 %).
(3)
Es ampliamente reconocido que el inicio de la vida universitaria implica desafíos académicos, emocionales
sociales y físicos, lo cual incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes. En el caso de los de estudiantes de
carreras en el área de la salud, los desafíos se extienden pues además de la adaptación a las jornadas de clases
en el aula y las largas horas de estudio en casa se suman las prácticas clínicas las cuales demandan mayor
esfuerzo y dedicación debido a las responsabilidades inherentes a la atención de pacientes.
(4)
La transición a la vida universitaria, caracterizada por la independencia y la presión académica, lleva a
muchos jóvenes a adoptar hábitos poco saludables, como ayunos prolongados, omisión reiterada de comidas
y el consumo frecuente de alimentos ricos en grasas y azúcares, lo que puede afectar negativamente no solo
la salud física y mental sino también el rendimiento académico.
(5,6)
En la universidad, muchos estudiantes tienen dificultades para mantener una dieta saludable debido a diversos
factores, como la situación económica, el estrés académico, la falta de información sobre nutrición, la limitada
disponibilidad y accesibilidad de opciones alimentarias saludables en el campus universitario, así como las
condiciones de vivienda y la residencia en solitario, se asocian con hábitos alimenticios poco saludables.
(2)
Estos desafíos combinados impiden significativamente la adopción y el mantenimiento de prácticas dietéticas
nutritivas por parte de los estudiantes.
Un patrón alimentario deficiente, además de incrementar el riesgo de enfermedades como la obesidad y la
diabetes, también compromete la integridad y la funcionalidad cerebral.
(1)
Así pues, la ingesta de azucares
simples se asocia consistentemente con una disminución de la cognición global, mientras que el consumo de
carbohidratos complejos se correlaciona con un envejecimiento cerebral saludable y una mejora de la memoria
tanto a corto como a largo plazo. La ingesta de ácidos grasos saturados se correlaciona con una disminución
de las puntuaciones de memoria y aprendizaje, mientras que la ingesta de omega-3 se correlaciona positivamente
con las puntuaciones de memoria. Una adecuada ingesta de proteínas se asociado con un mejor desempeño de la
función ejecutiva y la memoria de trabajo cuando las tareas presentan altos niveles de exigencia.
(7)
Una dieta de calidad debe proveer todos los nutrientes necesarios para el adecuado funcionamiento del
organismo, como vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos,
(8)
además
de limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que por lo general contienen grandes cantidades de
azúcares, grasas trans, sodio y aditivos.
(9)
El rendimiento académico, se define como el nivel del logro alcanzado por un estudiante respecto a los
objetivos del aprendizaje establecidos, habilidades cognitivas y competencias académicas, establecidos en el
programa o asignatura estudiantil, habitualmente medido a través de calificaciones, evaluaciones estandarizadas
y la calidad del trabajo académico.
(10)
Este rendimiento puede estar influido por factores como el entorno
socioeconómico, la autoestima, el desarrollo cognitivo, la motivación, la salud física y la calidad de la
alimentación.
(11)
Así, los problemas del aprendizaje pueden ser causados por una mala alimentación y escasa
proporción de nutrientes esenciales, lo que provoca una disminución en la participación en clase, bajo interés
por aprender y deficiencias en habilidades como la lectura, la escritura, y las capacidades auditivas, verbales
y lógicas. Además, los procesos cognitivos como la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el
pensamiento requieren de nutrientes para un adecuado funcionamiento y por ende, favorecen un mayor
rendimiento académico, en síntesis, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo tanto de las capacidades
físicas como intelectuales de una persona.
(12)
Al analizar el rendimiento académico de estudiantes universitarios, se ha establecido previamente que existen
factores comportamentales que influyen en el mismo, por ejemplo, se ha demostrado que el consumo excesivo
de alcohol, la privación del sueño y un estado de salud mental deficiente son perjudiciales para el rendimiento
académico.
(13)
Sin embargo, la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico es un área
menos explorada pero importante para la investigación, dada la gran cantidad de evidencia empírica que
demuestra dietas poco saludables en estudiantes universitarios.
Asimismo, constituye de gran importancia práctica para el desarrollo de intervenciones eficaces con un doble
beneficio pues, conocer que una alimentación adecuada contribuye a mejorar el rendimiento académico
podría motivar a los estudiantes universitarios a cambiar sus hábitos alimenticios. Por lo que el objetivo de
este estudio fue establecer la correlación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico en estudiantes
de enfermería de segundo a séptimo semestre durante el período 2024-2025.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional, analítico de enfoque cuantitativo y corte transversal. La población
estuvo conformada por 584 estudiantes de segundo a séptimo semestre matriculados en el período
2024-2025. El tamaño muestral se calculó mediante la fórmula para poblaciones finitas bajo un esquema de
muestreo probabilístico estratificado considerado en nivel de confianza del 95 %, un error máximo admisible
y la proporción esperada correspondiente. El tamaño muestral calculado fue de 186 participantes se utilizó
un muestreo probabilístico estratificado con afijación proporcional por semestre. Posteriormente, la
selección de los participantes dentro de cada estrato se realizó mediante asignación aleatoria por paralelo.
Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, estar legalmente matriculado en el periodo académico
2024-2025 en la carrera de enfermería y asistir regularmente a clases.
Para la recolección de datos se utilizó la Encuesta de Medición de la Dieta, instrumento previamente aplicado
en población universitaria latinoamericana
(14)
y validada por Durán et al.
(15)
bajo el método de Lawshe. Esta
validación reportó un índice de validación de contenido de 0,85 para la escala total, lo que indica que la
encuesta presenta adecuada validez de contenido para medir la calidad alimentaria. Adicionalmente, se incluyó
un apartado de datos sociodemográficos para la caracterización de la muestra.
La Encuesta de Medición de la Calidad de la Dieta está conformada por dos subescalas: hábitos alimentarios
saludables y hábitos alimentarios no saludables.
(14)
La dimensión de hábitos alimentarios saludables indica la
frecuencia de consumo de grupos de alimentos recomendados por las guías alimentarias, está compuesta por
nueve ítems con una escala de respuesta tipo Likert que va de 1 (no consume) a 5 (porciones diarias o semanales
sugeridas), permitiendo obtener una puntuación entre 9 y 45 puntos (a mayor puntuación mejores hábitos
alimentarios).
(14,15)
Por otra parte la subescala de hábitos alimentarios no saludables consta de seis ítems, los
cinco primeros sirven para identificar alimentos o grupos de alimentos identificados como promotores de
enfermedades crónicas no transmisibles (bebidas azucaradas, alcohol, alimentos fritos, comida rápida) y el
último ítem se emplea para identificar un hábito alimentario negativo como es adicionar sal a las comidas sin
probarlas.
(14,15)
Los cinco ítems se evalúan con un puntaje de 1 (consume en exceso) a 5 (no consume) y el
último ítem se clasifica de 1 a 3, en total, esta subescala alcanza un valor de que va de 6 a 28 puntos (mayor
valor mejores hábitos alimentarios).
(15)
La calidad de la alimentación se clasificó según la puntuación total
obtenida: mala (15 - 28 puntos), necesita mejoras (29 – 55 puntos) y buena (56- 73).
Para determinar el rendimiento académico, previa autorización de los estudiantes se extrajo del reporte de
calificaciones el promedio individual alcanzado al concluir el período académico anterior. El rendimiento
académico se categorizó a través de la escala de calificación definida por la universidad para la aprobación
de las asignaturas, la cual es: excelente (18, 50 - 20, 00 puntos), muy bueno (16,00 – 18,49 puntos), bueno
(14,00 – 15,99 puntos), regular (13,50 – 13,99 puntos) y deficiente (< 13,49 puntos).
(16)
La recolección de datos se realizó mediante auto cumplimentación del instrumento, la misma que duró
aproximadamente 20 minutos. Los datos obtenidos fueron codificados en el paquete estadístico Microsoft
Excel, posterior ser procesados y analizados en el programa Statistical Package for the Social Sciences
SPSS® 25. El análisis se realizó tomando en cuenta los objetivos de la investigación y los niveles de
medición de las variables. Las variables cualitativas se describieron mediante frecuencia absoluta (n),
frecuencia porcentual (%) e intervalo de confianza (IC 95 %). Las variables cuantitativas discretas se
analizaron mediante la determinación de la mediana, rango, intervalo de confianza IC 95 %, mínimo y
máximo y a las variables cuantitativas continuas se aplicó media, desviación estándar, intervalo de confianza
IC 95 %, mínimo y máximo. Previo al análisis inferencial, se evaluó la normalidad de la distribución de las
variables numéricas mediante la prueba de Kolmogorov-Smirnov, evidenciando una distribución compatible
con normalidad, en consecuencia, se aplicó el análisis de correlación de Pearson y se estableció un nivel de
significancia estadística de p < 0,05. Adicionalmente, para evaluar la asociación entre la calidad de la dieta
y el rendimiento académico, se aplicó un modelo de regresión lineal simple.
La investigación se desarrolló conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki y las normativas
nacionales aplicables para la investigación en seres humanos, adoptadas por convenios internacionales que
promueven la libertad de investigación, así como las máximas garantías de respeto a los derechos y seguridad
de los sujetos participantes. Se solicitó la aprobación del estudio al Comité de Ética de Investigación en Seres
Humanos de la Universidad Central del Ecuador cuyos miembros certifican la viabilidad ética del estudio en
sesión ordinaria No.044-CEISH-UCE-2024.
RESULTADOS
La edad promedio de los estudiantes fue de 21,32 años (+/- 2,31 DE), predominando el sexo femenino 149
(80 %) y el estado civil soltero 182 (98 %). En cuanto al nivel socioeconómico reportado por los estudiantes
se encontró que 177 (95,16%) estudiantes pertenecían al nivel socioeconómico medio y 9 (4,83%) estudiantes
pertenecían al nivel socioeconómico bajo, ningún estudiante declaró pertenecer a nivel socioeconómico alto.
La calidad de la dieta fue evaluada mediante una encuesta especifica, este instrumento presenta un valor
teórico mínimo de 15 puntos y máximo de 73 puntos. (14,15) La media de la calidad de la dieta fue 43, 69
puntos, lo que indica que los estudiantes deben mejorar su alimentación. (tabla 1).
Tabla 1. Medición de la calidad de la dieta (n=186).
La calidad de la dieta fue analizada en dos dimensiones: hábitos alimentarios saludables y hábitos alimentarios
no saludables. La dimensión de hábitos alimentarios saludables incluyó la frecuencia de consumo de grupos
de alimentos recomendados por las guías alimentarias.
(15)
En cuanto a la ingesta de desayuno, se evidenció que 47,3 % cumplen con la recomendación de consumir
desayuno todos los días o casi todos los días. Respecto a la merienda únicamente el 15.6 % de los estudiantes
cumplen con su ingesta diaria en relación con el consumo de lácteos descremados, solo el 3,2 % cumple con
las recomendaciones alimentarias. En cuanto al consumo de frutas el 80,6 % refirió una ingesta ocasional
durante la semana, mientras que únicamente el 12,9 % cumple con la recomendación de tres porciones
diarias. El consumo de pescado fue reportado como ocasional por 62,9 % además, el 24,2 % indicó no
consumirlo. En relación con las leguminosas el 53,8 % refirió consumo ocasional. Respecto a las verduras,
el 66,7 % las consume ocasionalmente durante la semana. En cuanto a cereales como panes integrales o
avena el 63,4 % los consume menos de tres veces por semana y el 22,04 % no los consume. Finalmente, el
50,5 % consume comida casera de manera regular, mientras que el 2,7 % no la incluye en su alimentación
(Tabla 2).
Los hábitos alimentarios no saludables se evaluaron mediante seis ítems orientados a identificar alimentos o
grupos de alimentos asociados con la generación de enfermedades crónicas no trasmisibles, así como un ítem
destinado a identificar el hábito de añadir sal a las comidas sin probarlas.
(14,15)
Se evidenció que el 65,6 % de los encuestados mencionaron consumir entre dos a tres porciones diarias de
jugos o bebidas azucaradas, mientras que solo el 5,4 % indicó no consumirlas. La tercera parte de los
participantes declaró consumo ocasional semanal de bebidas alcohólicas; además, dos estudiantes
manifestaron consumir una porción diaria, mientras que el 63,4 % refirió no consumirlas. En relación
con el consumo de frituras, el 40,3 % reportó entre una y tres porciones diarias y solo seis estudiantes (3,2 %)
no las consumen. En cuanto a snacks dulces o salados, el 62,4 % indicó consumir entre una y tres porciones
diarias, mientras que el 5,9 % no los consume. Respecto a la comida rápida el 21,5 % reportó consumo de
una a dos porciones diarias y el 8,1 % no la consume. Finalmente, el 4,3 % no agrega sal a las comidas antes
de probarlas, mientras que el 32,8 % lo hace ocasionalmente (Tabla 2).
Tabla 2. Hábitos alimentarios saludables y no saludables (n = 186).
En relación con el rendimiento académico general de la población estudiada, se observó que el 64,5 % de
estudiantes se encontraba en la categoría de “muy bueno”, mientras que el 35,50 % restante pertenecía a la
categoría “buena”. No se registraron estudiantes en las categorías “excelente”, “regular” o “deficiente”
(Tabla 3).
Tabla 3. Rendimiento académico general de los estudiantes (n = 186).
Respecto al rendimiento académico según el semestre cursado, se observó que los estudiantes de séptimo
semestre presentaron una frecuencia del 100,0 % en la categoría muy bueno, seguidos por los de segundo
semestre, con un 93,0 % en la misma categoría, por otra parte, los estudiantes de cuarto semestre (77,8 %) y
tercer semestre (76,9 %) mostraron una mayor frecuencia en la categoría bueno.
Para evaluar la asociación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico se utilizó el
coeficiente de correlación de Pearson. Se estableció un nivel de significación estadística de p = 0,05. Los
resultados mostraron una correlación positiva de magnitud muy débil, aunque estadísticamente significativa
entre ambas variables (Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico.
El análisis de correlación de Pearson mostró una correlación positiva, débil y estadísticamente significativa,
entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico (r = 0,193; p = 0,008). Con el propósito de
explorar esta relación, se realizó un análisis de regresión lineal simple, el cual mostró que la calidad de la
dieta constituye un predictor estadísticamente significativo del rendimiento académico, aunque con una
capacidad explicativa limitada (Tabla 5).
Tabla 5. Modelo de regresión lineal simple entre la calidad de la alimentación y el rendimiento académico
(n = 186).

El modelo de regresión sugiere que una mejor calidad de la dieta se asocia positivamente con el promedio de
calificaciones, sin embargo, la magnitud del efecto es leve (R2 = 0,037; F = 7,13; p = 0,008). En este sentido,
la calidad de alimentación no constituye el único factor asociado al rendimiento académico. El rendimiento
académico es un fenómeno multifactorial en el que intervienen factores sociodemográficos, personales,
sociales e institucionales. Por lo tanto, aunque el hallazgo es relevante, es importante abordar el tema de
manera integral y considerar otras variables que podrían impactar en el rendimiento académico.
DISCUSIÓN
En esta investigación se identificó que el perfil estudiantil general puede considerarse como joven (edad
media: 21,32 años), de estado civil soltero (98 %), predominancia femenina (80 %) y de clase media (70,40 %).
En este sentido, Soto et al.
(13)
señalan que la edad es un factor determinante en la toma de decisiones y la
motivación de los estudiantes, puesto que los estudiantes con mayor conciencia de sus actos presentan mayores
probabilidades de éxito en su vida estudiantil. En cuanto a la condición socioeconómica, se evidencia una
predominancia histórica de las mujeres en esta profesión, la cual puede estar influenciada por estereotipos
sociales que asocian a la figura femenina con roles de cuidado.
(17)
Además, históricamente, la enfermería ha
sido considerada una carrera accesible para personas de clase media, especialmente mujeres, y ha funcionado
como un mecanismo de movilidad social para aquellos provenientes de clases menos privilegiadas. Esto
demuestra que esta carrera es una opción académica que ofrece estabilidad laboral y además es un mecanismo
de inclusión para las clases sociales que han tenido limitadas oportunidades.
(4)
Respecto al estado civil de los estudiantes, se determinó que el 98 % de los encuestados eran solteros, hecho
que podría estar relacionado con la mayor disponibilidad de tiempo que tienen las personas solteras para
dedicarse al estudio de esta carrera, ya que no enfrentan responsabilidades familiares que puedan interferir
con su formación académica.
(13)
Al evaluar la calidad de la alimentación, se identificó que solo el 47,3 % de los encuestados manifestó
desayunar todos los días. Este hecho coincide con los resultados de Muñoz et al.
(18)
quienes, en su investigación
realizada con estudiantes de enfermería en una universidad de Chile, encontraron que el 57,10 % de los
participantes reportó no desayunar con regularidad. Esta situación podría relacionarse con el hecho de que la
etapa universitaria representa un período determinante en el que los estudiantes modifican su estilo de vida,
ya que deben organizar el tiempo para dedicarse a su formación académica. Como consecuencia, se modifican
los patrones alimenticios, lo que conduce a la omisión de comidas, particularmente el desayuno.
(19)
Varios estudios coinciden en que los estudiantes universitarios de enfermería no consumen las cantidades
recomendadas de frutas y verduras.
(20,21)
Este hallazgo es similar a los resultados de este estudio, en el que
solo el 12,9 % de los encuestados manifestó consumir 2 porciones diarias, cuando la recomendación es de al
menos 3 porciones al día. Las deficiencias en el consumo de vitaminas y minerales muestran la existencia de
hambre oculta, condición que, de mantenerse por un largo período de tiempo, constituye un riesgo para el
desarrollo de enfermedades no transmisibles.
(10,21)
Asimismo, esta deficiencia puede conducir a problemas
como fatiga, dificultades para la concentración y deterioro en el rendimiento académico.
(22)
Con respecto al consumo de comidas rápidas (chatarra), en este estudio se encontró que únicamente el 8,10 %
de los participantes manifestó no consumir comida chatarra, este dato es comparable con los resultados
obtenidos por Solís, Padilla y Torres,
(23)
quienes, al analizar los hábitos alimenticios de los estudiantes de
enfermería de una universidad de Cuenca, determinaron que solo el 5,80 % de los encuestados no la incluían
en su dieta. Este tipo de alimentación pobre en nutrientes generalmente se relaciona con la falta de tiempo
para cocinar, el acceso limitado a alimentos frescos y el estrés derivado de la carga académica,
(24,25)
ya que la
falta de tiempo para comer entre clases combinada con las exigencias académicas y prácticas limitan el
tiempo disponible para realizar comidas equilibradas, llevando a los estudiantes a optar por alimentos rápidos,
procesados o incluso a saltarse comidas.
(26–28)
Estos datos resultan alarmantes, puesto que el consumo
frecuente de comida chatarra está asociado con un mayor riesgo de desarrollar obesidad.
(29)
En relación con el análisis del rendimiento académico en esta investigación se determinó que el desempeño
universitario se clasificó como muy bueno y bueno. Estos resultados concuerdan con el estudio de García et
al.
(30)
en el que también se identificó un rendimiento escolar catalogado como bueno y muy bueno. En general,
el rendimiento académico alcanzado por los estudiantes analizados en este estudio es satisfactorio, aunque
no excelente, lo cual indica posibilidad de mejora en especial en los estudiantes que cursan semestres
intermedios (tercero y cuarto). En cambio, los estudiantes de semestres superiores presentaron un mejor
desempeño académico (séptimo 100 % muy bueno y sexto 93 % muy bueno), estos hallazgos concuerdan
con los resultados reportados por Torres et al.,
(31)
donde el rendimiento fue superior en estudiantes de niveles
avanzados, como séptimo y octavo semestre, con promedios de 8,86 y 8,56 puntos, respectivamente,
mientras que en los primeros semestres la media no superó los 7,97 puntos. Los factores que podrían explicar
estas diferencias en el rendimiento incluyen los niveles de dificultad de cada semestre y la adaptabilidad del
estudiante al plan de estudios durante los primeros años.
Al analizar la relación entre la calidad de la dieta y el rendimiento académico, se obtuvo una correlación
positiva débil (r = 0,193; p = 0,008). El análisis de regresión lineal simple indicó que la calidad de la dieta
predice de manera débil pero estadísticamente significativa el rendimiento académico (R
2
= 0,037; F = 7,12;
p = 0,008). Si bien la calidad de la dieta se asocia al rendimiento académico, este fenómeno es el resultado
de la conjunción de varios factores, siendo tan solo uno de ellos la alimentación. Este hallazgo coincide con
estudios previos que confirman que los hábitos alimentarios saludables se asocian con un mejor rendimiento
académico en estudiantes universitarios, una dieta saludable influye en la concentración, la energía y la salud
mental, mientras que una dieta deficiente, afecta negativamente estas áreas. Además, de confirmar esta
relación concluyeron que, aunque los hábitos alimenticios saludables tienen un impacto positivo en el
rendimiento académico de los estudiantes universitarios, otros factores como los hábitos de sueño, el
manejo del estrés y la actividad física también desempeñan un papel importante. Por lo tanto, es esencial
tomar en consideración que la alimentación es un factor dentro del amplio abanico de variables que inciden
sobre el rendimiento académico, lo que resalta la necesidad de promover hábitos de vida saludables desde
un enfoque integral.
(32)
La interacción de factores sociales, ambientales y económicos de los estudiantes universitarios influyen de
manera determinante en sus hábitos alimentarios. Al entender que la elección de los alimentos está condicionada
por el entorno de los estudiantes, es esencial abordar el impacto de los factores externos mediante el diseño
de propuestas que permitan intervenir y fortalecer el desempeño estudiantil. Tanto la calidad de la dieta como
el rendimiento académico son factores modificables que requieren intervención, por lo tanto, resulta necesario
comprender las circunstancias que los favorecen o limitan.
Es fundamental considerar los hallazgos de la presente investigación para diseñar intervenciones destinadas
a mejorar estos aspectos, asegurando que estén alineadas con las necesidades reales de los estudiantes de la
Carrera de Enfermería. Para mejorar la alimentación en el entorno universitario y promover la salud entre los
estudiantes, es precisa la implementación de estrategias que faciliten el acceso a alimentos saludables y
fomenten hábitos nutricionales adecuados, entre estas estrategias se pueden considerar la inclusión de
comedores universitarios con opciones balanceadas y precios accesibles, la instalación de máquinas
expendedoras con productos nutritivos y la implementación de horarios de clase que permitan pausas
adecuadas para la alimentación.
(13)
Asimismo, es preciso desarrollar campañas de educación nutricional dirigidas a los estudiantes, brindando
información sobre la importancia de una dieta equilibrada y su impacto en el rendimiento académico, así
estas iniciativas pueden complementarse con talleres prácticos sobre planificación de comidas saludables y
accesibles, así como con la promoción de entornos universitarios que prioricen el bienestar integral del
estudiantado.
(1)
Si bien el estudio actual contribuye a fortalecer la investigación futura y la práctica de la promoción de la
salud en el ámbito universitario, las limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta al interpretarlo
incluyen el hecho de que la calidad de la alimentación se evaluó mediante autorreporte, lo que pudo introducir
sesgos de deseabilidad social, ya que los participantes pudieron haber sobreestimado o subestimado sus hábitos
alimentarios. Asimismo, el diseño transversal del estudio no permite establecer asociaciones causales entre
las variables de estudio y dado que la muestra se limitó a una sola universidad y carrera, la generalización de
los resultados a otros contextos universitarios o disciplinas debe tomarse con cautela.
CONCLUSIONES
La calidad de la alimentación de los estudiantes universitarios constituye un factor relevante en el desempeño
académico. Sin embargo, la influencia reportada en esta investigación puede deberse a un contexto más
amplio, debido a la intervención de factores individuales, académicos y contextuales. Así, la alimentación
saludable puede favorecer los procesos cognitivos y de aprendizaje.
La formación de profesionales de Enfermería exige que las universidades asuman su responsabilidad en la
promoción de hábitos saludables en sus estudiantes, para ello es necesario crear políticas institucionales que
ofrezcan opciones de alimentación saludable y accesible dentro del campus, así como horarios flexibles que
aseguren tiempos de comida adecuados, de tal manera que la universidad asuma el compromiso ético de
formar profesionales capaces de contribuir al bienestar social. Se requiere la adaptación del proceso formativo
a fin de desarrollar intervenciones integrales que contribuyan al bienestar de los futuros profesionales de
Enfermería.
Financiamiento: El presente estudio no contó con ninguna fuente de financiamiento.
Conflictos de intereses: Las autoras declaran no presentar conflictos de interés.
Declaración de contribución:
Análisis formal: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Conceptualización: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Curación de datos: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Investigación: Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell Peñafiel Ramos.
Metodología: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - borrador original: Martha Aida Parra-Aguirre.
Redacción - corrección y edición: Martha Aida Parra-Aguirre, Luz Solange Ushiña Alvaro, Kerlin Mishell
Peñafiel Ramos.
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